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“Las reformas
reales forman parte de la identidad de la revolución, sólo que aquello por lo
que el enemigo se esfuerza mediante su apoyo y direccionamiento de las reformas
que ellos maquinan, en un minucioso plan norteamericano que abarca todos los
aspectos, es repetir en este país su experiencia en el desmoronamiento de la
Unión de Repúblicas Soviéticas. Por supuesto, la realidad existente en Irán y la
perspicacia del pueblo y los responsables del país desbaratarán esa
conspiración.”
Indicando que las
reformas conforman tanto una obligación como una realidad, el líder de la
revolución islámica añadió:
“Las reformas
forman parte de la esencia e identidad religiosa y revolucionaria del régimen,
y una falta de atención sobre este punto traerá aparejado una progresiva
degradación y una injusticia en aumento. Sólo que hay una pregunta fundamental
que debe despertar a toda persona dotada de intelecto y hacer pensar a toda
persona lúcida, y que es la siguiente: ¿Por qué los arrogantes del mundo,
especialmente Norteamérica e Inglaterra, esto es, los patrocinadores principales
de cincuenta años de la corrupción, tiranía, represión y miseria de este país en
la época de la dinastía Pahleví, ahora patrocinan las “reformas”? ¿y cuál es el
motivo por el que los medios de difusión mundial se han centralizado en seguir
el tema de los lemas de reformas en Irán?”.
El líder de la
revolución, en respuesta a esta importante y básica pregunta, señaló la
experiencia de occidente en el programado desmoronamiento de la Unión de
Repúblicas Soviéticas, y añadió:
“Agrupando las
realidades y hechos existentes, y reflexionando en los posicionamientos
manifiestos y ocultos, y en lo propagado por los medios de comunicación
occidentales, en todo ello hay indicios de la existencia de un complejo plan
norteamericano entre las tareas de los enemigos de la nación iraní, que en
realidad es una renovación del plan empleado para desmoronar la ex-Unión
Soviética. Mediante su impulso a las reformas que pretenden, el régimen de
dominación mundial procura reproducir en Irán el proceso de desmoronamiento de
la Unión Soviética y concretar sus propósitos hasta ahora frustrados. Sólo que
también esta vez ello no llegará a ninguna parte a causa de los profundos y
continuos desaciertos de los occidentales en comprender las realidades de Irán.”
El líder de la
revolución, examinando las actividades de EE.UU. y otros países europeos durante
el proceso de desmoronamiento de la Unión Soviética, recordó lo siguiente:
“En ese organizado
plan, que fundamentalmente estaba sustentado en la invasión publicitaria y
cultural y los factores políticos, los occidentales embaucaron a los
“reformistas” que ellos tenían en mente mediante su direccionamiento, guía y
estimulación, y lograron la confianza de los funcionarios soviéticos de ese
entonces, eso sumado a la implementación de lemas por así llamarlos
“fulminantes”, la fomentación del aumento de los diarios, la libertad de
expresión a lo occidental y la difusión de los símbolos culturales occidentales
dentro de la URSS, y es así que poco a poco llevaron a cabo su plan y se
hicieron del control y supervisión de las reformas haciendo trascender a
elementos precipitados en apariencia “reformistas”. Finalmente, a causa de la
aceleración que infundieron al proceso de cambios procurado por occidente, en
unos cuantos años fue disuelta la superpotencia de oriente.”
Luego de indicar
que el propósito de los occidentales al promover las reformas en Irán es hacer
que la sociedad retorne a la dependencia foránea que existía durante la época de
los Pahleví, el líder de la revolución procedió a poner en claro las diferencias
existentes entre Irán y la ex-Unión Soviética. Puesto que en algunos círculos el
presidente Jatami fue comparado con Gorbachov, el Aiatul·lah Jameneî comenzó con
este punto:
“La primera
diferencia importante se refiere a las diferencias entre el actual presidente de
la República Islámica de Irán y el último presidente de la ex-Unión Soviética.
Entre esas diferencias tenemos que el presidente de la República Islámica de
Irán es un noble Seiied (esto es, descendiente del Profeta Muhammad –BP-),
creyente, apasionado por el Islam y la revolución, ferviente seguidor del
desaparecido Imam Jomeini, que cree en el sistema islámico con todo su ser, de
forma que incluso algunos occidentales que primeramente en sus sueños lo
analizaban de otra manera, ahora dicen que Seiied Jatami también, al igual que
el resto de los funcionarios del régimen islámico, es un fundamentalista; y
casualmente bien dijeron a este respecto.”
El Aiatul·lah
Jameneî mencionó las diferencias existentes entre el Islam y el marxismo como el
segundo factor de fracaso del plan norteamericano para desmoronar el régimen
islámico, y recordó lo siguiente:
“En Irán el Islam
es el secreto y símbolo de la identidad, orgullo, pasión y fe de la nación, y el
honorable pueblo de Irán está dispuesto a sacrificar a sus más queridos hijos
para auxiliar la religión de Dios; mientras que en la ex-Unión Soviética el
marxismo no era una creencia de corazón ni siquiera para los mismos miembros del
partido comunista.”
El Líder de la
Revolución Islámica estimó que la tercera de las vastas diferencias entre Irán y
la ex-Unión Soviética, la conforman las fundamentales disparidades entre el
régimen islámico y el régimen comunista, y dijo al respecto:
“El régimen
islámico realmente está apoyado en el pueblo, y entre la nación y los
funcionarios del régimen existe un vínculo afectivo y de corazón. Es así que
este régimen joven, lleno de vitalidad y flexible, no es comparable en absoluto
con la represora dictadura del proletariado y el sistema Stalinista.”
El Aiatul·lah
Jameneî recordó que la unidad del territorio iraní y la unión religiosa e
histórica de la nación de Irán posee una solidez y estructura sin igual si
tenemos en cuenta las diferentes etnias (persas, turcomanos, baluchíes, árabes,
etc.) que conviven en su territorio, en comparación con la unidad artificial y
aparente de los territorios que conformaban la Unión de Repúblicas Soviética. Él
destacó lo siguiente:
“Contrariamente a
lo supuesto por los occidentales, este factor cumple un papel preponderante en
el fracaso del modificado plan para desmoronar la URSS que se pretende aplicar
en Irán.”
A continuación
procedió a explicar el insustituible papel del liderazgo religioso en el régimen
islámico:
“A diferencia del
régimen de la ex-Unión Soviética, en el régimen islámico el liderazgo no es una
persona, sino que es un honor y una realidad tomada de la fe y el afecto del
pueblo, de manera que incluso el desaparecido Imam Jomeini estaba preparado para
sacrificar todo su ser y su propia reputación para defender la elevada posición
del liderazgo religioso en el régimen islámico, y en lo que a mí respecta, en
base a este mismo fundamento, estoy preparado para sacrificar mi persona y
reputación para proteger el Islam, la revolución y el sistema islámico. En el
régimen islámico el líder posee la pesada responsabilidad de resguardar el
sistema y la revolución, y donde fuera que perciba que una parte del sistema no
armoniza con el Islam y la revolución, debe actuar según lo que es su función;
mientras que la ex-Unión Soviética carecía de ello, de otra forma, el plan de
occidente para desmoronarla hubiera fracasado.”
En esta parte de su
discurso enfatizó lo siguiente:
“De esta manera, el
conjunto de diferencias básicas existentes entre Irán y la ex-Unión Soviética
hacen que el plan norteamericano para desmoronar el régimen islámico de la forma
en que lo hicieron con la ex-URSS, no proporcione resultados y esté condenado al
fracaso”.
El Aiatul·lah
Jameneî continuó su discurso sobre las reformas reales refiriéndose a la
necesidad de definir esas “reformas” y esclarecer en forma precisa y clara los
propósitos de las mismas. Agregó:
“El concepto de
“reformas” debe ser completamente definido tanto para los funcionarios como para
el pueblo, de forma que, primeramente, no cualquiera pueda propagar las reformas
según sus deseos, y en segundo lugar, para que a todos quede en claro qué
propósitos de reforma tienen que seguir la nación y la sociedad, y en qué
dirección deben marchar.”
El líder de la
revolución expresó satisfacción por el énfasis puesto por el Presidente de la
República sobre que las reformas deben ser islámicas y revolucionarias y que el
movimiento debe ser para forjar la sociedad basada en los valores humanos
representada en “la ciudad del Profeta”, y agregó:
“A este respecto se
deben exponer definiciones más precisas para de esa forma impedir la influencia
conciente o inconsciente de modelo foráneos, por lo que para esa tarea un grupo
de funcionarios del Estado, el Poder judicial y el Parlamento pueden colaborar
entre sí.”
Aiatul·lah Jameneî
aludió al delicado papel que juegan los medios de comunicación y los diarios, en
particular en lo relacionado a encauzar o desviar las reformas. Añadió:
“Este tema no tiene
que ver con el de la libertad de expresión, puesto que la libertad forma parte
de las más importantes inquietudes de los responsables del régimen islámico, y
el hecho de pretender desviar el proceso de reformas, teniendo en cuenta la
delicada situación que hoy atraviesa el país, es algo prohibido, y nosotros no
podemos permitir que en nombre de la “libertad” que quieren para nosotros
nuestros enemigos, se utilice ello para provocar desvíos en las reformas y en el
país.”
Continuando con el
tema de la necesidad de reformas, señaló que la Constitución del país es una
materialización del Islam y conforma el gran pacto nacional, religioso y
revolucionario, y dijo:
“En la Constitución
se ha dejado en claro el gobierno del Islam sobre la totalidad de las normas, es
así que en base a una completa atención sobre todos los principios de la
Constitución, se debe reguardar la estructura de la misma en forma minuciosa en
todos los asuntos y aspectos.”