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Disertación del Excelentísimo Líder de la Revolución Islámica, el Aiatul·lah
Saiied ‘Ali Huseini Jameneí.
Si las normas
divinas llegan a imperar y surge un régimen basado en los principios del Islam,
materializándose así la justicia social, con ello se habrá efectivizado el
objetivo solo hasta un nivel medio, o en realidad se habrá transitado solo un
tramo del camino. La segunda etapa es que la gente que vive a la sombra de ese
régimen gozando de la seguridad, de la soltura y de la justicia en sus vidas,
tenga la oportunidad de engalanarse con la buena moral de forma que estén
deseosos y se esfuercen por ello.
Este punto es el
objetivo a cumplir luego de conformar el gobierno; incluso ese es el objetivo
luego de establecer el régimen justo, la soberanía de la justicia social y el
gobierno islámico.
La gente debe
investirse con las buenas virtudes, y es natural que ello conlleve el
crecimiento y desarrollo espiritual y personal, y al acceso a un conocimiento
superior. Ésta es una de las etapas del ser humano perfecto. Nosotros no podemos
comprender ello de una manera cabal, sino que solamente escuchamos cosas de las
grandes personalidades y las gentes de la contemplación. En cuanto a la etapa
que nos concierne actualmente es la de ocuparnos en la moral.
Verdad es lo que
dijo el Mensajero de Dios (BP): “Por cierto que solo fui enviado para completar
las más elevadas virtudes”. Este hadiz fue transmitido tanto por las vías de la
shi‘ah como de la gente de la sunnah.
La expresión “solo”
contenida en el hadiz, indica un gran propósito, que es que “la esencia de mi
envío como profeta es para concretar ese objetivo”. Ese es el objetivo y lo
demás solo constituye una introducción a ello.
Para completar las
más elevadas virtudes entre la gente y ante los hijos de la sociedad; para hacer
llegar a la comunidad al nivel de perfección y madurez, y la sociedad se adorne
con las más elevadas virtudes, para de esa manera alcanzar el nivel de
“personas”.
Cada uno de
nosotros debe ser una “persona”, y debemos fortificar y completar las virtudes
humanas en nuestro interior. Ese es el paso siguiente y es el que posee una
mayor importancia. Si permaneciéramos alejados de las virtudes morales en la
sociedad islámica en un régimen que se rige de los principios del Islam; si
permaneciéramos sumidos en el egoísmo y los deseos mundanales, y cada uno de
nosotros se esforzara por alcanzar más de ello para comer más, vivir una vida
más confortable e injuriar a éste y a aquél, e incluso si el asunto lo requiere,
apoderarnos de los derechos de los demás; y si además no hubiera sacrificio y
abnegación. ¡¿qué tipo de gobierno sería ese? ¿qué Islam sería ese y qué
sociedad islámica representaría?!
Lo lamentable es
que el mundo materialista carece por completo de esa particularidad.
En cuanto a las
cualidades divinas y las más elevadas virtudes, la shari‘ah islámica se ha
ocupado de explicarlas claramente y en detalle, tanto aquéllas vinculadas a la
misma persona, como la paciencia, el agradecimiento, la sinceridad, la
austeridad, como así también aquéllas que se vinculan a la misma en su trato a
los demás, como la indulgencia, la humildad, la abnegación, honrar a las
personas, y así también las que se vinculan a la generalidad de la sociedad
islámica.
La moral islámica
tiene un ámbito muy extenso, y en torno a la misma es que se ha centralizado la
mayor parte de los esfuerzos de los profetas, los santos de Dios y la grandes
personalidades de las religiones divinas, así como en el Islam en ello se han
centralizado los esfuerzos del Mensajero de Dios (BP) y de los Purificados
Imames (P). Indudablemente estos asuntos no se logran en los gobiernos tiranos
sino mediante ingentes esfuerzos.
Es natural que
asuntos como éste no se puedan lograr con facilidad bajo la sombra de regímenes
cuyas bases son la falsedad, la opresión y el materialismo -como sucede con los
gobiernos tiranos del mundo-, en cambio es posible concretarlos con facilidad
bajo la sombra del régimen islámico, y ello es lo que el mundo necesita hoy.