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Para
el autor, el más reciente plan de paz para Medio Oriente, conocido como
"hoja de ruta", es el más imperfecto de todos los planes
conocidos, ya que desaprovecha la oportunidad para poner fin al conflicto
palestino-israelí al no centrarse en la ocupación israelí de
Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental ni en los asentamientos israelíes,
que apuntalan esa ocupación. En su lugar, se concentra en la violencia
palestina y en cómo combatirla, como si no tuviera su origen en la
ocupación y los asentamientos fueran normales.
Por Rashid I. Khalidi
Al
parecer, nada se ha aprendido del fracaso de otros esfuerzos,
principalmente los norteamericanos, que han incluido en su más reciente
propuesta de paz para Medio Oriente varios elementos que garantizan el
fracaso. Uno es la ausencia de una agenda precisa. Así, cada una de las
partes -en la práctica, la israelí, si el pasado sirve de indicador-
puede detener los avances entre fase y fase y dentro de cada una de ellas.
Otro rasgo es la suma de fases interinas a un proceso que siempre se
prolonga. Esto significa, en efecto, el aplazamiento del aspecto más difícil
de la resolución del conflicto -la negociación de problemas como los
asentamientos, la soberanía, Jerusalén y los refugiados- hasta llegar a
una tercera fase que, si la experiencia del pasado es una buena guía,
significa indefinidamente.
La teoría de los acuerdos interinos, propuesta por los "promotores
de la paz" pro israelíes Bush I y Clinton, debe ser enterrada por
ahora, después del espectacular fracaso del proceso de Madrid-Oslo,
fundamentado en el esquema de acuerdos interinos. Pero esta teoría (la de
los acuerdos interinos) acaba de ser resucitada una vez más en la Hoja de
Ruta, en la forma de una propuesta para "un estado Palestino
independiente con fronteras y atributos de soberanía provisionales".
Si el plan sigue avanzando, ésta es la más segura receta para garantizar
una discordia interminable que será explotada por Israel para aplazar
indefinidamente los temas esenciales de la ocupación militar y el
desmantelamiento de los asentamientos ilegales y limitando a los
palestinos a controlar sólo una pequeña parte de los territorios
ocupados -el 40 por ciento de Cisjordania-, si Ariel Sharon lo quiere.
La Hojade Ruta es el plan de paz con mayores vacíos. Al no centrarse en
la ocupación israelí de Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén
Oriental, que lleva ya 36 años, y en los asentamientos israelíes, que
apuntalan esa ocupación, la propuesta pierde la oportunidad de poner fin
al conflicto. Por lo contrario, se centra en la violencia palestina y en cómo
combatirla, como si ésta no fuera producto de la ocupación y los
asentamientos fueran normales. Esto es reflejo del papel norteamericano
desempeñado en esta iniciativa. También es una señal de por qué
probablemente fallará. Porque los funcionarios de Washington están
obsesivamente centrados en que la violencia palestina es la causa de todos
los problemas entre palestinos e israelíes.
Esta obsesión ha impulsado a los norteamericanos a insistir en cambios
cosméticos en el liderazgo palestino, como el nombramiento de Mahmoud
Abbas (Abu Mazen) como primer ministro. Su nuevo gobierno posiblemente no
pueda tener éxito en reducir la violencia palestina sin una marcha atrás
en los asentamientos y un repliegue de la ocupación. Pero eso es
improbable que suceda, ya que la obsesión de la administracion de Bush
con la violencia palestina excluye todo lo demás, favoreciendo la
interpretación que hacen Sharon y el Likud de la Hoja de Ruta. Por este
enfoque, antes de que a Israel se le exija que haga algo, los servicios de
seguridad palestinos, eviscerados por dos años de ataques despiadados de
los israelíes, deben ser reconstruidos por Mohammed Dahlan, el dirigente
elegido para la tarea por Abu Mazen, quien debe emprender una guerra
implacable contra las organizaciones armadas palestinas que atacan a las
fuerzas de ocupación y a los colonos en los territorios ocupados, así
como también a civiles inocentes en Israel.
Los palestinos creen que esto puede dar inicio a una guerra civil antes de
que el gobierno de Sharon, dominado por la línea dura, partidaria de la
ampliación de los asentamientos y la continua represión de los
palestinos, haga nada de lo que se le reclama. Formalmente, La Hoja de
Ruta requiere que ambas partes inicien acciones simultáneamente: La
represión palestina de las facciones militantes debería ser simultánea
al desmantelamiento de los asentamientos por parte de Israel, así como el
retiro de tropas que puso a más de 3 millones de personas de los
territorios ocupados bajo el estado de sitio, los toques de queda
continuos y la amenaza constante de ataques durante dos años.
Pero con la nueva trampa montada en Washington, con el Pentágono que ha
tomado muchas de las responsabilidades del Departamento de Estado y de la
CIA, y con la administración de Bush ya metida en campaña y el lobby
israelí accionando grotescamente bien sus desarrollados músculos, no
debe de haber la menor duda de qué interpretación de la Hoja de Ruta
prevalecerá en las decisiones. Todo lo que resta, precisamente, es
esperar cómo esta última paloma de la paz se convierte en un camino de
la muerte.
Si los sharonistas que dominan la Administración de Bush continuan
prevaleciendo en sus decisiones, como lo vienen haciendo desde septiembre
de 2001, no sólo fracasarán todos los esfuerzos, como Sharon y los
sharonistas desean, sino que se culpará a los palestinos de ese fracaso.
Y continuará siendo la violencia palestina la que justificará esto,
aunque esa violencia palidezca frente a la rutinaria violencia mecanizada
de la ocupación. Más allá de la brutalidad diaria de un ejército
extranjero vigilando y negando los derechos de una población civil
mientras su tierra es robada para el beneficio de los colonos, se ha usado
la fuerza indiscriminadamente en áreas densamente pobladas para aplastar
la resistencia palestina, como lo ha dicho el general Moshe Ya'alon, jefe
del ejército israelí: "Debe hacerse comprender a los palestinos en
lo más hondo de su conciencia que ellos son un pueblo derrotado."
Israel puede continuar confiando en que los medios de comunicación
norteamericanos seguirán reflejando la realidad con una doble moral, según
la cual los civiles palestinos asesinados en zonas urbanas densamente
pobladas por ametralladoras pesadas, helicópteros lanzadores de misiles y
tanques son sólo "daños colaterales" en la cacería de
"terroristas", y no contarán tanto como los civiles israelíes
asesinados por militantes suicidas, aunque la proporción de bajas de uno
y otro lado sea de tres a uno, la mayor parte de ellos, civiles de ambos
lados. Así, en un reciente período de diez días, fueron matados veinte
palestinos, que la prensa norteamericana ha ignorado, aunque no omitió
darle tratamiento a la muerte de tres israelíes en un atentado suicida en
Tel Aviv.
A la larga, no será posible obligar a los palestinos a que protejan la
expansión de los asentamientos y la continuación de la ocupación, que
es lo que los acuerdos de Oslo hicieron (durante la década posterior a
los acuerdos de 1991 la población de colonos se ha duplicado). Si esto es
lo que la Hoja de Ruta intenta hacer, fallará. Queda por verse si incluso
una aplicación justa de esta frágil iniciativa puede reavivar la
perspectiva de una solución de dos estados o si esto se ha tornado
imposible luego de 36 años de asentamientos e implacable ocupación,
destinada a sabotear la posibilidad de un estado palestino independiente
en Cijordania, Gaza y Jerusalén Oriental. En ese caso, los palestinos e
israelíes tendrán que encontrar nuevos medios para vivir juntos y en paz
en la misma tierra, una perspectiva que en este período parece cada vez más
remota.
La
fuente: El autor, de origen palestino, es profesor de historia de
Medio Oriente y director el Centro de Estudios Internacionales
(Universidad de Oxford). Fue asesor de la delegación palestina en la
Conferencia de Madrid (1991) y en las primeras negociaciones árabe-israelíes
de Washington.
Su artículo ha sido publicado en The
Nation.
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