| Tercera Parte
LA FORMA DEL GOBIERNO ISLÁMICO
Su diferencia con el resto de las formas de gobierno El Gobierno Islámico no se corresponde con ninguna otra de las formas de gobierno existentes. Por ejemplo, no es una tiranía, en la cual la cabeza del Estado pueda jugar arbitrariamente con las propiedades y vidas de las personas, usándolas según sus deseos, condenando a muerte a quien quiere y enriqueciendo a quien quiere, mediante la concesión de tierras y la distribución de propiedades y pertenencias del pueblo. El Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia), el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz) y el resto de los otros califas, no tuvieron poderes semejantes, el gobierno islámico no es tiránico ni absoluto, sino "constitucional". Pero no constitucional en el sentido corriente de la palabra, es decir, basado en la aprobación de las leyes de acuerdo con la opinión de las mayorías. Es constitucional en el sentido de que los gobernantes están sujetos a ciertas condiciones en las tareas de gobierno y la administración de su país, condiciones recogidas en el Noble Corán y en la Sunnah del Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia). Estas leyes y reglamentaciones conforman el conjunto de condiciones que han de ser observadas y practicadas. Por lo tanto, puede definirse el gobierno islámico como el gobierno de las leyes divinas sobre los hombres. La diferencia fundamental entre el gobierno islámico y las monarquías constitucionales y repúblicas es ésta: en el Islam, el poder legislativo y la competencia para el establecimiento de las leyes pertenece en exclusiva a Dios Todopoderoso, mientras que en otras formas de gobierno, son los representantes del pueblo, o el monarca, quienes establecen la legislación. El único poder legislativo en el Islam es su Sagrado Legislador. Ningún otro tiene el derecho a legislar y ninguna otra ley puede ejecutarse, excepto la del Legislador Divino. Por ello, en un gobierno islámico, un simple cuerpo planificador ocupa el lugar de la Asamblea Legislativa, que es una de las tres ramas del estado. Este cuerpo diseña los programas para los distintos ministerios a la luz de las normas del Islam y determina cómo establecer los servicios públicos para todo el país. El cuerpo de leyes islámicas existentes en el Corán y en la Sunnah, ha sido aceptado y reconocido como digno de ser obedecido por todos los musulmanes. Consentimiento y aceptación que facilitan la tarea de gobernar y la hacen propiedad real del pueblo. Por el contrario, en una república o monarquía constitucional, los que manifiestan ser representantes de la mayoría del pueblo, pueden hacer una ley sobre cualquier cosa que deseen e imponérsela a éste. El gobierno islámico es un gobierno de derecho. En esta forma de gobierno, la soberanía pertenece sólo a Dios y la ley es Su Decreto y Orden. La ley del Islam, o las Órdenes Divinas, tiene autoridad absoluta sobre todos los individuos y sobre el gobierno islámico. Todos, incluido el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y sus sucesores, están sujetos a la ley y así permanecerá por toda la eternidad. Es la ley que ha sido revelada por Dios Todopoderoso y Altísimo y expuesta en el Corán por el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia). Si el Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) asumió el califato de Dios sobre la tierra, fue de acuerdo con la orden divina. Dios Todopoderoso y Altísimo le designó como su representante, el representante de Dios sobre la tierra; él no estableció un gobierno por su propia iniciativa, para ser el dirigente de los musulmanes. Igualmente, cuando fue evidente que se producirían desacuerdos entre los musulmanes, debido a su reciente y limitada adquisición de la fe, Dios Todopoderoso encargó al Profeta, mediante la Revelación, que clarificase inmediatamente el asunto de la sucesión allí mismo en medio del desierto.(42) Así, el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) nombró al Emir de los Creyentes, Alî ibn Abi T·âlib (sobre él la Paz), su sucesor, en conformidad y obediencia a la Ley; no porque fuera su propio yerno o hubiese desempeñado algunos servicios, sino actuando en consonancia con las leyes de Dios como ejecutor. El gobierno, en el Islam, significa adhesión a la Ley. La Ley es quién únicamente gobierna la sociedad. Incluso los limitados poderes dados al Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y a los gobernantes, les fueron conferidos por Dios. Cuando el Profeta expuso un cierto asunto o promulgó un cierto mandato, lo hizo obedeciendo la Ley Divina; una ley que todos deben obedecer y a la que deben adherirse sin excepción. La Ley Divina alcanza tanto al dirigente como al dirigido; la única ley válida y de aplicación imperativa es la Ley de Dios. La obediencia al Profeta es parte de Decreto Divino, pues dice Dios: y obedeced al Mensajero [Corán, 4:59]
La obediencia a aquellos "investidos de autoridad", está también basada en este Decreto Divino: y obedeced a los que ostentan autoridad de entre vosotros [Corán, 4:59]. Las opiniones individuales, incluso las del Profeta mismo, no pueden interferir en asuntos de gobierno o Leyes Divinas; en este asunto todos han de seguir la Voluntad Divina. El gobierno islámico no es una forma de monarquía imperial. En esta forma de gobierno, los gobernantes tienen poder sobre las propiedades y las personas de aquellos sobre los que gobiernan y pueden disponer de ellos totalmente conforme a sus deseos. El Islam no guarda la menor conexión con estas formas y métodos de gobernar. Por ello, encontramos que en el gobierno islámico, a diferencia de las monarquías o regímenes imperiales, no existe la menor señal de grandes palacios, edificios opulentos, sirvientes y asistentes, caballerizas privadas, ayudantes de campo y todas las demás pertenencias características de las monarquías, que consumen la mitad o más del presupuesto nacional. Todos ustedes saben como vivió el Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia), el Profeta, que era la cabeza y el gobernador del Estado Islámico. El mismo modelo de vida fue mantenido hasta el advenimiento del período Omeya. Los dos primeros gobernantes tras el Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) se sumaron a su ejemplo en la conducta externa de sus vidas personales, a pesar de que en otros asuntos cometieron errores que propiciaron las graves desviaciones que tuvieron lugar en tiempos de Uzmân;(43) las mismas desviaciones que nos han provocado las desgracias de los tiempos presentes. En tiempos del Emir de los Creyentes (sobre él la Paz), el sistema de gobierno fue corregido y se siguió una forma y un método adecuado de gobernar. A pesar de que este hombre excelente gobernó un amplio territorio que incluía Irán, Egipto, Arabia Occidental (H·iyyaz) y el Yemen entre sus provincias, vivía con mayor frugalidad que el más pobre de nuestros estudiantes. De acuerdo con un h·adîz, una vez compró dos camisas y encontrando una de ellas mejor que la otra, dio la mejor a su sirviente Qambar, quedándose él la otra y como las mangas le quedaban demasiado largas, cortó el trozo que sobraba y se la puso. Así se vestía el gobernante de una gran nación, próspera y populosa. Si esta manera de conducirse se hubiera mantenido y el gobierno hubiera conservado su forma islámica, no habrían existido la monarquía, ni el imperio, ni la usurpación de vidas y propiedades del pueblo, ni opresión, ni saqueo, ni abuso del Tesoro Público, ni vicio, ni abominación. La mayoría de las formas de corrupción tuvieron su origen en la clase dirigente, la tiránica familia gobernante y los libertinos asociados a ella. Son estos gobernantes quienes establecen centros de vicio y corrupción, quienes construyen bases de prostitución y bares para beber vino, y quienes gastan el dinero de los impuestos religiosos en construir cines. Si no fuese por esas licenciosas ceremonias reales, ese despilfarro, esa constante malversación, el presupuesto nacional nunca hubiera acusado el déficit que nos obligaba a someternos ante América y Gran Bretaña pidiendo ayudas y préstamos. Nuestro país ha devenido necesitado por culpa de este despilfarro y malversación, pero ¿Acaso carecemos de petróleo, de minerales, de recursos naturales? Tenemos de todo, pero este parasitismo, esta malversación, este despilfarro, todo ello a expensas del pueblo y del Tesoro Público, nos ha reducido a esta desdichada situación. Si no fuera así, él (el Shâh) no necesitaría ir tras América e inclinarse ante el despacho de tales rufianes suplicando ayuda. Además, las burocracias superfluas y los métodos de papeleo y organización que las refuerzan -todo ello extraño al Islam-, suponen gastos adicionales al presupuesto nacional, en cantidad no menor que los gastos ilícitos de la primera categoría arriba mencionados. Este sistema administrativo es ajeno al Islam. Estas formalidades superfluas, que sólo originan a nuestro pueblo gastos, problemas y demoras, no tienen cabida en el Islam. Por ejemplo, el método establecido por el Islam para defender los derechos de la gente, solucionar los pleitos y ejecutar las sentencias es muy sencillo, práctico y expeditivo. Si los métodos jurídicos del Islam fuesen aplicados, el juez de la Sharîah en cada ciudad, asistido únicamente por un par de alguaciles con solamente una pluma y un cuaderno a su disposición, resolvería rápidamente los conflictos entre las gentes, devolviéndoles a sus ocupaciones. En cambio ahora, la burocrática organización del Ministerio de Justicia ha alcanzado unas proporciones inimaginables y es, además, incapaz de ofrecer resultados. Cosas como esa son las que hacen a nuestro país necesitado, no produciendo otra cosa que gastos y retrasos.
Condiciones que ha de reunir el gobernante La cualificación básica para los gobernantes deriva directamente de la naturaleza y forma del gobierno islámico. Además de las cualidades usuales, tales como inteligencia y dedicación, hay otras dos cualidades esenciales: 1º Conocimiento de la Ley 2º Justicia. Tras la muerte del Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia), aparecieron diferencias sobre quién debería ser la persona que habría de sucederle, pero todos los musulmanes estaban de acuerdo en que su sucesor debería ser una persona virtuosa; el desacuerdo se producía únicamente en torno a la identidad de quién debería sucederle. 1º.- Puesto que el gobierno islámico es el gobierno de la ley, el conocimiento es necesario, no sólo para el gobernante, sino para cualquiera que ejerza un cargo o función gubernamental. El gobernante, de todos modos, debe superar a todos los demás en conocimiento. En las disposiciones sobre el derecho del Imamato, nuestros Imames también argumentan que el gobernante debe ser más conocedor que ningún otro.(44) Las objeciones establecidas por los sabios shîi van en el mismo sentido. Cuando le preguntaron al califa un determinado aspecto de la ley, éste no supo responder; él era, por tanto, indigno del califato y del Imamato. Otra vez realizó actos contrarios a las leyes del Islam, por tanto no era digno del Imamato.(45) El conocimiento de la ley, y la justicia por tanto, constituyen cualidades fundamentales desde el punto de vista de los musulmanes. Otras materias no tiene la misma importancia o relevancia al respecto. El conocimiento de la naturaleza de los ángeles, por ejemplo, o de los atributos del Creador Altísimo y Todopoderoso, no son relevantes en la cuestión del liderazgo. De la misma forma, alguien que conoce todas las ciencias naturales, descubre los secretos de la naturaleza, o posee un gran conocimiento musical, no está por ello cualificado o posee preferencia para el ejercicio del gobierno, sobre otro que conoce las leyes y es justo. Las únicas materias relevantes para gobernar, aquellas que fueron mencionadas y discutidas en tiempos del Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y de nuestros Imames (sobre ellos la Paz), y que fueron además unánimemente aceptadas por los musulmanes, son: 1. La buena formación del gobernante o califa y su conocimiento de las reglas y disposiciones del Islam. 2. Su justicia y excelencia en cuestiones morales y de fe. La razón dicta también la necesidad de estas cualidades, porque el Gobierno Islámico es el gobierno de la Ley, no de las leyes arbitrarias de un individuo sobre la gente, o de un grupo de individuos sobre el conjunto de la población. Si el gobernante es ignorante del contenido de la ley, no es adecuado para gobernar; pues si sigue los pronunciamientos legales de otros, su poder de gobernar se degradará y si no sigue guía alguna, será incapaz de gobernar correctamente y de aplicar las leyes del Islam. Es un principio establecido que "el faqîh tiene autoridad sobre el gobernante".(46) Si el gobernante sigue el Islam debe, necesariamente, someterse a la autoridad del faqîh, preguntándole sobre las leyes y regulaciones del Islam, para aplicarlas. Por tanto, los verdaderos gobernantes son los fuqahâ' mismos y el gobierno debe ser de ellos oficialmente, para que ellos puedan ejercerlo, y no de aquellos que están obligados a seguir la guía de los fuqahâ' a causa de su propia ignorancia de la ley. Desde luego, no es necesario para todos los funcionarios, gobernadores provinciales y administradores, conocer la ley islámica completamente y ser fuqahâ', es suficiente con que conozcan las leyes relativas a sus funciones y deberes. Así fue en tiempos del Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y del Emir de los Creyentes (sobre él la Paz). La mayor autoridad debe poseer las dos cualidades mencionadas -amplio conocimiento y justicia- pero sus ayudantes, funcionarios y delegados enviados a las provincias, solamente necesitan conocer las leyes concernientes a sus propios cargos; en el resto de los temas deberán consultar con el gobernante. 2.- El gobernante debe estar en posesión de una moral y fe excelentes; debe ser justo y estar libre de pecados. Cualquiera que desee aplicar las sanciones previstas en el Islam, supervisar el tesoro público y los impuestos y gastos estatales, y asumir el mandato divino de administrar los asuntos de sus criaturas, no debe ser un pecador. Dice Dios en el Corán:
Por tanto, Él no asigna tales tareas a un opresor o pecador. Si el gobernante no garantiza a los musulmanes sus derechos con justicia, no puede dirigirlos con equidad, recoger impuestos y gastarlos adecuadamente o aplicar el código penal correctamente. Se posibilitará entonces que sus asistentes, ayudantes o confidentes, impongan sus deseos sobre la sociedad, gastando el tesoro público en asuntos personales y frívolos. Por ello, el punto de vista shîi sobre el gobierno, y la naturaleza de las personas que deben asumir su dirección, fue claro desde el momento de la muerte del Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) hasta el tiempo de la Ocultación del Duodécimo Imam. Se especifica que el gobernante debe ser virtuoso y sabio en el conocimiento de las leyes y regulaciones del Islam y justo en su aplicación.
Condiciones del gobernante en la época de la Ocultación Ahora, en tiempos de la Ocultación del Imam (sobre él la Paz), sigue haciéndose necesario que las reglamentaciones sobre el gobierno islámico sean protegidas y mantenidas, y se prevenga así la anarquía. Por tanto, el establecimiento de un gobierno islámico continua siendo una necesidad. También la razón indica que debemos establecer un gobierno, de cara a posibilitar una defensa ante las agresiones y proteger el honor de los musulmanes en caso de ser atacados. La Sharîah por su parte, nos enseña a estar permanentemente preparados para defendernos de aquellos que desean agredirnos. El gobierno, con sus órganos judiciales y ejecutivos, es también necesario para proteger a los individuos del abuso de cualquier otro de sus derechos. Ninguna de estas acciones puede ser ejecutada por si misma; es necesario establecer un gobierno. Para el establecimiento de un gobierno y la necesaria administración de la sociedad se ha de disponer de presupuestos e impuestos, por ello el Sagrado Legislador ha especificado la naturaleza de estos presupuestos y de los impuestos que deben ser recaudados, tales como jarây, jums, zakât y otros. Ahora, que Dios no ha designado ningún individuo en particular para asumir la tarea del gobierno en el período de la Ocultación ¿Qué debemos hacer? ¿Debemos abandonar el Islam? ¿Ya no lo necesitamos más? ¿Fue el Islam válido sólo para doscientos años?, ¿O es quizás que el Islam ha aclarado nuestras obligaciones respecto a otros asuntos pero no en relación con el tema del gobierno?. No tener un gobierno islámico supone dejar nuestras fronteras indefensas ¿Podemos cruzarnos de brazos mientras nuestros enemigos hacen lo que quieren? Incluso sin que aprobásemos lo que hacen, estaríamos fallando, al no dar una respuesta efectiva ¿Es éste el camino adecuado?. O, por el contrario, ¿Todavía es necesario que exista un gobierno y la función de gobernar, que existió desde el principio del Islam hasta el tiempo del Duodécimo Imam (sobre él la Paz), es todavía un mandato de Dios tras la Ocultación, a pesar de que Él no ha designado a ningún individuo en particular para esa tarea?
Wilâiat ul-Faqîh (La Regencia del Sabio) Las dos cualidades, conocimiento de la ley y justicia, están presentes en numerosos fuqahâ' de la actualidad. Si se uniesen, podrían establecer un gobierno de justicia universal en el mundo entero. Si un individuo valioso, en posesión de estas dos cualidades, surgiera y estableciera un gobierno, poseería la misma autoridad que el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) en la tarea de administrar la sociedad, y sería obligatorio para todos obedecerle. La idea de que el poder gubernamental del Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) era mayor que el que poseía el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz), o que los poderes de éste eran mayores que los del faqîh, es errónea. Naturalmente que las virtudes del Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) fueron mayores que las del resto de los seres humanos; y tras él, el Emir de los Creyentes (sobre el la Paz) fue la persona más virtuosa del mundo. Pero la superioridad de las virtudes espirituales no confiere un incremento en los poderes gubernamentales. Dios ha establecido los mismos poderes y autoridad para un gobierno en los tiempos actuales que para el ejercido por el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y los Imames (sobre todos ellos la Paz), en relación con el equipamiento y movilización del ejército, nombramiento de gobernadores y funcionarios y recaudación de impuestos o su uso en beneficio de los musulmanes. Ahora bien, en cualquier caso, no es el problema de una persona en particular; el gobierno debe recaer sobre quienes poseen las cualidades de gobierno: conocimiento y justicia.
Regencia por delegación o tutoría Cuando decimos que, tras la Ocultación, el faqîh justo tiene la misma autoridad que el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y los Imames (sobre todos ellos la Paz) tenían, no estamos suponiendo que el faqîh posea idéntico rango espiritual que ellos. Aquí no estamos hablando de rango espiritual, sino de obligaciones. Por autoridad entendemos gobierno, la administración del país y la aplicación de las sagradas leyes de la Sharîah. Esto constituye una pesada e importante responsabilidad, pero no supone adquirir ningún rango espiritual extraordinario, o eleva al individuo en cuestión por encima del nivel de resto de los mortales. En otras palabras, autoridad aquí significa gobierno, administración y ejecución de la ley; a diferencia de lo que muchos creen, no es un privilegio, sino una grave responsabilidad. La Wilâiat ul-Faqîh (Gobierno Islámico) es una cuestión formal, racional;(47)existe solamente como una clase de elección, como la elección de un tutor para un menor. Respecto al deber y la posición no existe, de hecho, diferencia entre el guardián de una nación o el tutor de un menor. Es como si el Imam (sobré el la Paz) hubiera elegido a alguien para la custodia de un menor, para el gobierno de una provincia o para cualquier otro cargo. En casos así, no sería razonable que existieran diferencias entre el Profeta y los Imames por un lado y el faqîh justo por otro. Por ejemplo, una de las cuestiones que el faqîh debe atender es la aplicación de las leyes penales del Islam ¿Puede existir diferencia entre el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia), el Imam (sobre él la Paz) y el faqîh al respecto? ¿Puede el faqîh decretar menos latigazos por ser menor su rango?. El castigo para el fornicador es de cien latigazos, pero si es Profeta quien aplica el castigo ¿Podrá infringir ciento cincuenta, el Emir de los Creyentes cien y el faqîh cincuenta? El gobernante supervisa el poder ejecutivo y tiene el deber de aplicar las Leyes de Dios, no hay diferencia si él es el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia), el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz), el representante o el juez que él haya elegido para Basora o Kufa, o un faqîh de los tiempos actuales. Otras de las responsabilidades del Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y del Emir de los Creyentes (sobre él la Paz), fue la recaudación de impuestos -jums, zakât, yizîah y jarây sobre las tierras imponibles -. Pues bien, cuando el Profeta de Dios (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) recaudaba el zakât ¿Cuánto recaudaba? ¿Un décimo aquí y un veinteavo allá? ¿Cómo procedió el Emir de los Creyentes cuando llegó a ser gobernante? Y si, ahora uno de nosotros llega a ser el mayor faqîh de su tiempo y puede ejercer su autoridad, ¿Qué hará? En estos asuntos ¿Puede haber diferencia alguna entre la autoridad del Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia), la de Alî (sobre el la Paz) y la del faqîh? Dios Todopoderoso eligió al Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) como autoridad sobre todos los musulmanes. Mientras vivió la ejerció sobre todos, incluido Alî (sobre él la Paz). Posteriormente, el Emir fue Imam sobre todos los musulmanes, incluso sobre su propio sucesor; su mandato como gobernante era válido para todos y podía designar y destituir jueces y gobernadores. La autoridad que el Profeta de Dios (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y el Imam (sobre él la Paz) tenían para establecer un gobierno, ejecutar leyes y administrar asuntos, existe también para el faqîh. Excepto que los fuqahâ' no tiene en absoluto autoridad para designar o destituir al resto de los fuqahâ' de su tiempo. No existe rango jerárquico de un faqîh sobre otro, o uno posee más autoridad que otro. Ahora que esto ha quedado establecido, es necesario que los fuqahâ' procedan, colectiva o individualmente, a establecer un gobierno que aplique las leyes del Islam y proteja su territorio. Si esta tarea recae sobre una sola persona, le corresponderá la obligación personal de llevarla a cabo; en caso de no existir, tal responsabilidad recae sobre los fuqahâ' en su conjunto.(48) Incluso, si no es posible cumplir con esta obligación, su responsabilidad y autoridad no queda abolida, pues están investidos de ella por Dios. Si pueden, deben recaudar los impuestos, tales como el jums, el zakât, el yizîah y el jarây, usándolos en beneficio de los musulmanes, y deben también aplicar los castigos que prevé la ley. El hecho de que actualmente no seamos capaces de establecer un gobierno completo, no significa que podamos mantenernos desocupados. En lugar de eso, debemos aplicar, tanto como nos sea posible, las funciones que un gobierno islámico debe asumir.
Regencia natural Probar que el gobierno y la autoridad pertenecen al Imam (sobre él la Paz), no implica que el Imam carezca de un estatus espiritual. El Imam (sobre él la Paz) posee, por supuesto, cierta dimensión espiritual que es algo independiente de su función como gobernante. El estatus espiritual del Imam es el de representante divino en el universo, como algunas veces los Imames mismos (sobre ellos la Paz) han señalado. Es una representación que abarca toda la creación, en virtud de la cual, todos los átomos del universo se someten ante el Walî ul-Amr. Esta es una de las creencias básicas en nuestra escuela, el que nadie puede alcanzar el estatus espiritual de los Imames, ni siquiera los querubines o los Profetas (sobre todos ellos la Paz).(49) En efecto, de acuerdo con los ah·âdîz que nos han llegado, el Más Noble Mensajero (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) y los Imames (sobre ellos la Paz) existían desde antes de la creación del mundo en forma de luces situadas bajo el Trono Divino; eran superiores a los otros hombres, incluso en el esperma con el que fueron engendrados y en su composición física.(50) Su alto maqam está solamente limitado por la Voluntad Divina, como indica el dicho de Gabriel recogido en los ah·âdîz del Mirây:
El Profeta (Bendiciones y Paz sobre él y su familia) mismo dijo: (52) Es parte de nuestra creencia que los Imames disfrutaban también de estados semejantes, incluso antes de que la cuestión del gobierno hubiera surgido. Por ejemplo, Fât·imah (sobre ella la Paz) también poseía este estado, como narran los ah·âdîz, a pesar de que ella no fue gobernante, dirigente o juez. (53) Tales estados, son algo diferente de la función de gobernar. Por eso, cuando decimos que Fât·imah (sobre ella la Paz), no era juez ni gobernante, no significa que ella sea como tú o yo, o que no tenga superioridad espiritual sobre nosotros. Igualmente, si alguien, de acuerdo con el Corán, dice:
Está atribuyéndole algo más elevado que su derecho a gobernar a los creyentes. No examinaremos estas materias aquí, pues pertenecen al área de otra ciencia.
El gobierno como instrumento para la realización de elevados objetivos Asumir la función de gobierno no lleva implícito ningún mérito o estatus particular; más bien significa la obligación de aplicar la ley y establecer el concepto islámico de justicia. El Emir de los Creyentes (sobre él la Paz) dijo a Ibn Abbâs, (54) refiriéndose a la naturaleza de gobernar y dirigir: "¿Cuanto vale la tira de esta sandalia?", Ibn Abbâs replicó: "¡Nada!," entonces el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz) le dijo:
La tarea de gobernar y dirigir es sólo un instrumento y si ese instrumento no se emplea para el bien y para conseguir nobles objetivos, no tiene valor alguno para los hombres de Dios. Por ello, el Emir de los Creyentes dice en su jut·bah (discurso, alocución) recogido en el Nahy ul-Balâgah:
Es evidente pues, que asumir las tareas de gobierno es adquirir un instrumento y no una estación espiritual, puesto que si gobernar fuera una estación espiritual nadie sería capaz de usurparla o abandonarla. El gobierno y el ejercicio del mando adquieren valor sólo cuando devienen en instrumento para aplicar la ley islámica y establecer el justo orden del Islam. La persona encargada de gobernar, puede adquirir una posición espiritual más elevada y méritos adicionales en el ejercicio correcto de esas tareas. Algunas gentes, cuyos ojos han quedado deslumbrados por las cosas de este mundo, imaginan que el liderazgo y el gobierno suponen en sí mismos dignidad y una alta estación para los Imames (sobre ellos la Paz), de manera que si otras gentes accedieran al ejercicio del poder, el mundo se colapsaría. Pero el Presidente soviético, el Primer Ministro británico, el Presidente americano, todos ellos ejercen el poder y ninguno de ellos es creyente. No son creyentes pero tienen influencia y poder político, que usan para llevar a cabo leyes antihumanas y políticas que favorecen sus propios intereses. Es deber de los Imames y de los fuqahâ' justos usar las instituciones gubernamentales para aplicar la Ley Divina, establecer el justo orden islámico y servir a la Humanidad. El gobierno en sí no representa nada excepto problemas y preocupaciones, pero ¿Qué pueden hacer? Ellos han aceptado una responsabilidad, una tarea que llevar a término; el Gobierno del Faqîh no es nada más que el desempeño de una tarea y el desempeño de un deber.
Los elevados objetivos del gobierno Cuando el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz) explicaba por qué asumió la tarea de gobernar y dirigir, declaró que lo hacía por amor a ciertos elevados propósitos, tales como el establecimiento de la justicia y la abolición de la injusticia. En efecto, dijo:
También dijo:
E inmediatamente aclaró la razón por la cual él y sus compañeros habían luchado y se habían esforzado:
Cualidades necesarias para la realización de estos objetivos El gobernante que, mediante los órganos de gobierno y el poder que está en sus manos, desea lograr los elevados objetivos del Islam, los mismos objetivos dados a conocer por el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz), debe poseer las cualidades esenciales que hemos mencionado: conocer la ley y ser justo. El Emir de los Creyentes menciona, tras especificar los objetivos de gobierno, las cualidades esenciales de un gobernante:
Daos cuenta de cómo este discurso gira en torno a dos conceptos: Conocimiento y Justicia; y cómo el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz) los señala como cualidades básicas y necesarias del dirigente. En la expresión: "No debe ser ignorante y desconocedor de la ley, para que en su ignorancia no confunda a la gente", el énfasis va sobre el conocimiento, mientras que en las frases posteriores el énfasis está puesto sobre la justicia, en su verdadero sentido. El verdadero sentido de la justicia es que el gobernante debe conducirse como el Emir de los Creyentes (sobre él la Paz) en sus relaciones con otros Estados y en sus relaciones y transacciones con el pueblo, dictando sentencias, emitiendo juicios, y distribuyendo los ingresos públicos. Dicho de otra manera, el dirigente debe adherirse al programa de gobierno que el Emir de los Creyentes entregó a Mâlik Ashtar,(58) dirigida en realidad a todos los líderes y gobernadores, pues es una especie de circular dirigida a todos los que ejercen el mando. Si los fuqahâ' llegan a ser gobernantes, deben también tomar en consideración sus instrucciones. _____________________________________ Notas 42. Se refiere al suceso del Gadîr Jum, al regreso de la última peregrinación a la que asistió el Profeta. En ese lugar ordenó que la caravana parase, al serle revelada la penúltima aleya del Sagrado Corán: "¡Oh, Mensajero! Comunica lo que se ha hecho descender a ti de tu Señor, y si no lo hicieras no habrías comunicado el mensaje" (5: 67). Tras lo que, tomando el brazo de Alî, lo levantó ante la multitud congregada bajo el sol abrasador y le nombró su califa y Sucesor con estas palabras: "Para quien yo sea su señor, que este Alî sea su señor", tras lo cual, ordenó que todo el mundo fuera a la tienda de Alî a rendirle juramento de fidelidad, cosa que todos los presentes hicieron en una ceremonia que duró hasta el anochecer. Ver Maylisí, Al-Gadîr, t. I, pág. 214-229. ( ^ ) 43. Tercer califa. Ver Ibn Abî al-H·adîd, Sharh·Nahy ul-Balâgah, t. II, pág. 126 y 161, comentario al discurso 30 y pág. 324 a 333; tomo III, pág. 3 y 69, comentario al discurso 43; t. IX, pág. 3-30, comentario al discurso 135. Al - Gadîr, t. VIII, pág. 97 y 323. ( ^ ) 44. Alî (sobre él la Paz) dijo: "Oh gentes, el hombre más adecuado para el califato es el más sabio en las leyes de Dios." Nahy ul-Balâgah. Discurso 172. Al-Ih·tiyây. t I, pág. 229. Bih·âr al-Anwâr, t. XXV, pág. 116. "Kitâb Al-Imâmah". Cap.: "Recopilación de los atributos del Imam". ( ^ ) 45. Allamah H·illy, Kashf ul-Murâd fi Sharh·Tayrîd al-Itiqâd, cap. 5, cuestión 6. ( ^ ) 46. Imam Yafar al-Sâdiq (sobre él la Paz) dijo: "Los reyes gobiernan sobre las gentes, los sabios (al-ulamâ') gobiernan sobre los reyes." Bih·âr al-Anwâr, t. I, pág. 183, "Kitâb al-ilm", cap. I, h·adîz 92. ( ^ ) 47. Se denominan "asuntos formales"('Umûr 'Itibârî) frente a "asuntos existenciales" ('Umûr Takwînî), aquellos asuntos que se establecen mediante un acuerdo, un contrato, una disposición, por la cual se designa a una persona para una función. Si el que lo dispone es Dios Altísimo o alguno de sus Imames, se denomina 'Itebâr sharî y si el que lo dispone es una persona normal, que designa a otra para realizar una función corriente de la vida cotidiana, se le llama 'Itebâr Uqalâ'î. ( ^ ) 48. Wâyib kifâî. Se denomina así a la obligación que deja de ser obligatoria para el conjunto de la comunidad cuando una persona o un grupo de ellas la realiza, por ejemplo, la obligación que toda comunidad tiene de proteger el conocimiento, en general, y el conocimiento que proviene de Dios, en particular; frente a Wâyib Ainî, que es aquella obligación que incumbe a todos y cada uno de los miembros de la comunidad y que no desaparece por que alguno o algunos de sus miembros la realicen, por ejemplo, la obligación de la oración o del ayuno. ( ^ ) 49. La Wilâiah, es una función intrínseca a los Imames (sobre ellos la Paz) pero no a los fuqahâ', Más aún, el alcance de la misma no se limita al hombre, sino que abarca el cosmos, la creación en su conjunto. Los Imames ejercen un Gobierno Cósmico (Wilâiah Takwinî), ejercido en parte mediante milagros. Esta forma de Wilâiah es común a los Imames y a la mayoría de los profetas, que ejercieron funciones de gobierno al mismo tiempo que propagaban el Mensaje Divino. La afirmación de que nadie puede alcanzar el estatus espiritual de los Imames, ni siquiera los querubines o los profetas, significa, en sentido estricto, que la función de la Wilâiah es superior en rango espiritual a la de la profecía (Nubuwa). En este sentido, dijo el Mensajero de Dios (Las Bendiciones y la Paz sobre él y su Familia): "Yo soy el Imam de la Misericordia (Imâm ur-Rahmah), quién no me conoce como Imam me desconoce.". Sobre los diferentes tipos de Wilâiah, ver Shahíd Mortad·a Mut·aharî, Walîha wa Wilâiataha, Qom, 1355 (1975). ( ^ ) 50. Ver Bas·a'ir al-Dirayât, t. I, cap. 10, pág. 20; Bih·âr al-Anwâr, t. 25, pág. 1 y 103; Corbin, Henry Historia de la Filosofía Islámica, Qom 1355 (1975). ( ^ ) 51. El Arcángel Gabriel acompañó al Más Noble Mensajero en su ascensión hasta la Presencia Divina pero, poseyendo una estación espiritual menor que éste, no pudo soportar el esplendor de la Sublime Verdad y hubo de quedar rezagado Bih·âr al-Anwâr, t. XVIII, pág. 382, capítulo "Fundamentación del Miráy y su significado y contenido" (Bâb 'Izvât al-Mirây wa maanâhu wa kaifîatuh). ( ^ ) 52. Allâmah Maylisî, Arbaîn, pág. 177, comentario al h·adîz 15; Kalamât Maknûnah, pág. 101, con una pequeña variación en el texto; Bas·â'ir al-Dirayât, pág. 23, cap. 11. ( ^ ) 53. Elal ush-Sharâ'i, tomo I, cap. 143, pág. 123, h·adîz 1; Maânî al-Ajbâr, pág. 64 y 107; Bih·âr al-Anwâr, t. 43, pág. 12 en adelante. ( ^ ) 54. Abd ul-lah ibn Abbâs ibn Abd al-Mut·alib (de 3 años antes de la Hégira al 68 H.) hijo del tío del Mensajero (Las Bendiciones y la Paz sobre él y su Familia) y de Alî (sobre él la Paz). Es conocido como Ra'îs al Mufassirîn y como H·ibr al-'Ummah. Es de los seguidores y comandantes del ejercito de Alî en las batallas de Yamal, S·iffîn y Nahrawân. ( ^ ) 55. Nahy ul-Balâgah, jut·bah 33. ( ^ ) 56. Nahy ul-Balâgah, jut·bah 3 (Shaqshaqiíah). ( ^ ) 57. Nahy ul-Balâgah, jut·bah 131. ( ^ ) 58. Mâlik ibn H·âriz Najaî conocido como Mâlik Ashtar (m. en 38 H.) uno de los comandantes del ejército islámico. Famoso por su valentía. En la batalla del camello y en S·iffîn estuvo junto al Imam Alî. Fue designado por éste gobernador de Egipto, siendo envenenado por Muâwîah. La carta de Imam Alî a Mâlik Ashtar, cuando lo designó gobernador de Egipto, ha pasado a la historia como un modelo de la ética del gobernar. Ver Nahy ul-Balâgah, carta 53. Una traducción completa de la misma se encuentra en Chittick, William, Una Antología Shîita, Albany, 1980, pág. 68-82. ( ^ ) |