
La Esencia Femenina
ARTICULOS PARA KAUZAR
Por Cristina Gómez
(Iusra) para KAUZAR Nº 33
Dentro de toda mujer existe una fuerza poderosa, instintiva, y ésta radica en su femineidad y sabiduría. Pero, desgraciadamente, sin tener que irnos a recordar los siglos últimos de la historia de la humanidad, las mujeres han sido -desde siempre- constreñidas a unos roles rígidos que la han ido alejando, cada vez más, de esa riqueza suya particular; su esencia femenina, su naturaleza.
Primero, la mujer, fue relegada a ser la sombra de su padre y más tarde de su marido. Sin identidad propia no se atrevía ni a pensar por sí misma. Lo grave no es que sus ocupaciones fuesen exclusivamente el gobierno de la casa y la educación de sus hijos. No. Pues esos trabajos y responsabilidades son suficientemente importantes y gratificantes como para que una mujer pueda sentirse satisfecha plenamente consigo misma al realizarlos. Lo terrible es el trato, los condicionamientos, el desamor, la falta de autoestima por las humillaciones sufridas... el que la condición misma de ser mujer fuese menos que nada... y que esa creencia, aplastase ya desde la cuna, su espontaneidad, su sensibilidad y su innata fuerza creativa. La historia es testigo de cómo ha sido maltratada la naturaleza femenina. Es más, hasta algunas instituciones religiosas han enjuiciado a la mujer asegurando que no tiene alma o que ella es la instigadora al mal o la imagen de la perversión, etc. Fue fácil acusarlas de «brujas y hechiceras» para anular así su creatividad y sabiduría, para volverlas a atemorizar y tenerlas bajo control. Durante miles de años, como denuncia la psicóloga Pinkola Estés,a la mujer se la ha relegado «al territorio más yermo de la psique».
Pero la mujer moderna, exceptuando unas minorías, no lo tiene mejor porque ha caído en la trampa de irse al otro extremo a la hora de luchar por su libertad y sus derechos, sufriendo el mismo resultado: ha sido alejada totalmente de su particular esencia. Ser libre no significa deshacerse, desintegrarse, cambiarlo todo, probarlo todo sin medida o comportarse alocadamente sin control. Todo lo contrario, la libertad significa establecer unos límites de protección, significa reforzar la voluntad con la disciplina, armarse como se arma un guerrero espiritual, con los valores éticos y morales que dignifican al ser humano invistiéndole de humanidad y luz. La libertad posee la fuerza de la integridad y ésta se alimenta de la fe. Recuperar esa libertad es por lo que debe luchar la mujer de hoy, formándose primero así misma.
¿Y cuál es la esencia femenina? El coraje. Los valores de la lealtad y la valentía. Su elevada capacidad de afecto y sacrificio. Su intuición. La mujer está dotada de una gran fuerza y resistencia. Tiene una gran capacidad de adaptación. La ternura mulle su esencia. La delicadeza y el pudor están en su naturaleza.
La mujer no es propiedad de nadie. Es un ser independiente, con un alma independiente, con un corazón y una mente independientes. No hay más voluntad que la suya para decidir qué quiere hacer con su vida. Por ella misma debe reconocer su naturaleza y esencia y no mantenerlas más aprisionadas ni disfrazarlas. Así es como ganará su libertad verdadera; siendo ella misma.
Pero la mujer moderna se equivocó en el discurso y la manera a la hora de reivindicar sus derechos. Y fue engañada y seducida cayendo en la trampa de volver a estar al servicio del hombre y seguir siendo utilizada por él y en su beneficio.
¿O acaso la mujer de hoy en occidente se siente más realizada como mujer? A mi me parece que no y las estadísticas lo confirman: Son las jóvenes y no ellos, por ejemplo, las que empiezan a beber alcohol más pronto hoy en día. Fuman también en un porcentaje muy elevado e igualmente han caído en el mundo de las drogas, siendo todo ello un signo de descontento, vacío, marginación, corrupción y degeneración. Son presas fáciles para las mafias de la trata de blancas y, como la moral se ha esfumado de sus vidas, no hay problemas de conciencia para meterse en la prostitución, para ganar un dinero fácil o como solución a sus problemas económicos.
Otro punto importante es la utilización de la belleza de la mujer para llamar la atención para la venta de cualquier producto y a lo que ella se presta cada vez más sin valorar su dignidad como persona. Hoy, en Occidente, el cuerpo semidesnudo de la mujer aparece en todos los anuncios publicitarios aunque sea para anunciar una pasta de dientes y el que ello sea considerado «normal», es un signo de la decadencia y falta de autoestima de ella misma.
¿Cómo despertar la dignidad y la sabiduría de la mujer por tantos siglos y siglos dañadas?
Para que el alma femenina modele, por fin, repare, ¡recupere! las bellas formas de su esencia debe haber una toma de conciencia. No se trata de imitar al hombre. Ni siquiera se trata de rivalizar con él. Se trata de que la mujer descubra el camino que la conduzca al conocimiento de sí misma y a la Verdad que duerme en su interior .
Quizá deba desembarazarse de un exceso de domesticación. Tal vez ha sido anulada su capacidad de percibir su existencia como algo único y maravilloso, su conexión con la divinidad cósmica... sentir el anhelo de comunicarse con el alma, sentir la cercanía de la fuerza divina.
Seguramente está demasiado herida su autoestima, demasiado alejada de su realidad, y los sentimientos son de vacío, ansiedad y soledad profunda...
Este es el momento de buscar y anhelar el encuentro con el Yo Superior. Es el momento de tener una vida interior propia y rica para conseguir, antes que nada, el equilibrio espiritual.
Cuando la mujer pierde el contacto con su parte espiritual, que es sagrada, entonces pierde contacto con su intuición y su esencia femenina no se desarrolla plenamente. El sentimiento de angustia se apodera de ella. Y comienza la búsqueda pero... si no se sabe qué se busca... cómo reconocerlo, cómo encontrarlo.
Cuando la mujer se aleja de su fuente interior espiritual, se está apartando de su esencia y eso la lleva a una desfiguración lenta, a diluirse, como sucede en todo lo que produce esta sociedad «light» y que no es más que una falsa realidad de esa inmensa mayoría que vive a la deriva, ignorante de que la única Realidad es la Esencia Divina.
Cuando la mujer se aleja de su fuente interior espiritual sufre una ruptura con la Realidad. Y haber perdido esa conexión lleva a sentir síntomas físicos tan comunes hoy en día como pueden ser la depresión, la confusión, apatía extrema, miedos y fobias inconfesables, insomnio, angustia, ansiedad, sentimiento profundo de frustración, etc.
La mujer debe, como primer paso, identificar a ese ser espiritual innato que habita en ella y alimentarlo.
La mujer al establecer en sí misma la armonía espiritual se convierte en la mejor educadora, maestra, sanadora, matrona, consejera, relatadora de cuentos... es el mejor refugio y soporte para su marido e hijos y absolutamente esencial para mantener el equilibrio familiar. Además de estar perfectamente capacitada para desarrollar cualquier labor social que decida llevar a cabo.
La mujer debe proteger y alimentar su alma, su esencia, que contiene todos los instintos y los saberes necesarios.
La mujer, que desea liberar su naturaleza y su alma, usa su voz para hacer valer sus derechos contra quien quiera abusar de su condición de mujer, no se deja engañar, seducir o amedrentar sino que aprende a discernir y reconocer la Verdad y hace uso de sus derechos. Sabe que ser integra es esencial para no apartarse de la Vía. No es frívola ni superficial. Y sobretodo se cuida de alimentar su alma, a través de su conexión con Dios y una actitud de agradecimiento hacia el Creador.